El Profeta Lot

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El Profeta Lot

Mensaje  orgullosadeldin el Mar Abr 22, 2008 11:13 am

El Profeta Lot

Cuando se ponía el sol, aparecieron tres jóvenes junto a las murallas de la ciudad de Sodoma. Andaban sobre la hierba verde con pasos tranquilos y suaves hacia la ciudad. Eran Gabriel, Miguel y Rafael. Llevaban un encargo; en realidad dos encargos: uno era una buena noticia y otro era el de la Ira Divina.
Habían dado la buena nueva del nacimiento de Isaac a Abraham. Más tarde, tenían que informar al Profeta Lot[1] también. Pero la noticia, en este caso, sería la de la Ira Divina.
Cuando llegaron al río rodeado de los árboles gigantescos, vieron a la hija de Lot que estaba tomando agua del río con un botijo. La saludaron. Cuando la hija de Lot miró a las caras de los extranjeros vio tres jóvenes hermosos. Habló consigo misma y dijo: «¡Ay de mí! ¿Qué hacen aquí estos jóvenes tan hermosos?»
Gabriel le preguntó a la chica:
— ¿Dónde está la casa de Lot?
De repente, la chica no le permitió terminar de hablar. Pensó en el daño que la mala gente del pueblo de Sodoma podría hacerles. Dijo:
— ¡No os vayáis a ningún lado! Le daré la noticia de vuestra llegada a mi padre.
Dejó el cántaro en el río y corrió a la casa para informar a su padre Lot. Dijo emocionadamente a su padre:
— ¡Padre mío! En la entrada de la ciudad hay tres jóvenes a quienes no había visto antes. Preguntaban por ti. ¡Qué hermosos son, como un retazo de Luna! Temo que la gente les pueda hacer daño. Tienes que salvarles ante de que les vean en el pueblo.
Lot empezó a correr hacia el río. Pensó que este día sería muy difícil. Al ver a los extranjeros, cambió la expresión de su cara y empezó a temer aún más. Antes de darles la bienvenida, preguntó:
— ¿De dónde venís? ¿A dónde vais?
Ninguno de ellos le respondió. Más tarde le pidieron a Lot que les invitara a su casa. Le hicieron avergonzarse porque antes de invitarles les había preguntado de dónde venían. Era un Profeta, un hombre muy respetable. Los Profetas son las estrellas de la humanidad, son las perlas de la humanidad porque tenían almas tranquilas y limpias y poseían la perspicacia profética.
Además, el Profeta Lot había crecido bajo la tutela del Profeta Abraham. Cuando era un niño, había visto a un joven que hablaba de Dios, el Único, y se admiró de que tuviera aquella obediencia total. Recordaba el caso de los adivinos cuando Abraham había derrotado a los ídolos en el templo. Entonces, cuando los adivinos le preguntaron quién lo había hecho, Abraham había señalado el hacha colgada en el cuello del gran ídolo y había dicho: «Él lo ha hecho... Él es su líder, es el mayor de ellos. ¡Preguntadles a ellos y que os lo digan!» Aquel día fue cuando Lot le había aceptado ya totalmente.
Otro día, Abraham había vencido a Nimrod, el Rey de Babilonia, ante los ojos del pueblo. Le había dicho: «Dios hace que el Sol salga por el Este; si puedes, ¡hazlo tú salir por el Oeste!» Entonces, Nimrod fue impotente, no sabía qué hacer; fue incapaz de pensar en la manera de reaccionar.
Aquel día, Lot había hablado con Abraham y le había confesado su creencia en Dios. Además, Abraham se había salvado del fuego de Nimrod sin tener ninguna herida y había dicho: «¡Dios es suficiente para mí!»
Poco después las llamas de la hoguera estaban a punto de tragarse a Abraham pero en ese momento, justo cuando los poderes de la oscuridad iban a vencer, surgió un milagro. Abraham salía de entre las llamas sano, salvo y sonriente.
Lot fue la primera persona en aceptar la creencia en lo predicado por Abraham. Entonces empezó a ser un guía como Abraham viajando a muchos países y llamando a la gente al recto camino de Dios. Por fin, fue el Profeta de los Reinos de Sodoma y Gomorra.
La gente de Sodoma y Gomorra era muy inmoral. La inmoralidad extendió sus tentáculos por todo el Reino. La delincuencia, los asesinos, los robos y demás maldades eran bastante frecuentes. Se practicaban todo género de actos deshonestos en aquellas tierras creadas con esmero por Dios. Sobre todo, tenían un hábito terrible: la sodomía. La práctica del coito anal entre hombres estaba muy extendida también. Lo hacían públicamente. Además, violaban a los visitantes del país para practicar sus fechorías.
Al Profeta Lot le preocupaba que la gente pudiera atacar a los jóvenes extranjeros. Mientras caminaban entre los árboles les dijo a los jóvenes:
— No conozco a un pueblo que sea tan inmoral como los Reinos de Sodoma y Gomorra.
Intentaba impedirles entrar en la ciudad porque temía que la gente les hiciera daño. Pero los jóvenes no dijeron nada. El Profeta Lot siguió hablando. Contó que los visitantes del pueblo siempre eran víctimas de una agresión brutal. Todos los habitantes del pueblo eran unos conspiradores. El Profeta Lot quería ofrecerles su hospitalidad; entretanto, quería alejarles de la ciudad. Pero los jóvenes no hablaban de nada. Solamente andaban en un silencio absoluto. El Profeta Lot no había conocido a gente tan extraña antes. A pesar de todo, querían ser huéspedes en su casa. Pero, el Profeta Lot se preocupaba mucho por ellos. Cuando pasaban por un jardín les dijo que esperaran entre los árboles hasta el anochecer y les llevaría a su casa por la noche. Pensaba llevarles por la noche y despedirles por la mañana temprano; en ese momento, la gente no podría verlos. Cuando llegaron a casa, el Profeta Lot tenía tantas preocupaciones en su mente que había olvidado ofrecer comida a los extranjeros.
En la oscuridad de la noche, el Profeta Lot fue a la arboleda y llevó los extranjeros a su casa. Nadie pudo verlos porque las calles estaban vacías. Pero en la casa de Lot había una traidora: su esposa. Cuando su esposa vio a los extranjeros, salió de casa y anunció a los cuatro vientos la llegada de los tres jóvenes. La noticia fue divulgada rápidamente por el pueblo. Iban a empezar las horas llenas de sufrimiento.
Miles de personas corrieron a la casa de Lot para ver a los jóvenes. Todos estaban borrachos. Se habían vendado los ojos para no ver la verdad. Se volvieron locos y sus gritos hacían eco en las calles. La serpiente que envenenaba sus almas estaba despierta.
El Profeta Lot asomó la cabeza por la ventana. «¿Quién les habría dado la noticia? ¿Quién habría divulgado el secreto de los extranjeros que han llegado?», se preguntó.
Miró a su alrededor; buscó a su esposa, pero no pudo encontrarla. La casa del Profeta Lot estaba rodeada por la discordia. Esa noche podrían ocurrir eventos horribles. ¿Podría lograr convencer a la gente de que les dejaran en paz? Decidió intentarlo porque era un Profeta y en cualquier situación tenía que enseñar las órdenes de Dios.
El Gran Profeta Lot salió de la casa. Era fuerte como un león cuando dirigía la palabra a la gente:
— ¡Pueblo mío! ¡Es obvio que cometéis una deshonestidad! ¡No os fijéis en los hombres! ¡Lo mejor es que vayáis junto a vuestras mujeres que vuestro Señor ha creado para vosotros! Hay muchísimas mujeres guapas en la ciudad; casaos con ellas y gozad en una manera permitida por Dios.
Sus almas eran prisioneras de sus malos actos y le respondieron riéndose:
— Como sabes, no estamos interesados en las mujeres. Sabes lo que queremos. ¡Danos a los jóvenes extranjeros!
En una comunidad, si la inmoralidad es la norma, dicha comunidad nunca puede mejorar su situación. Entonces, el Profeta Lot dirigió palabras a sus conciencias:
— ¡Temed a Dios! Seréis castigados si seguís cometiendo ese pecado!
No sentían ningún remordimiento de conciencia y dijeron:
— ¡Haz lo que quieras! ¡Si es verdad lo que dices, tráenos el castigo! ¡No te creemos!
Entonces el Profeta Lot preguntó:
— Son mis huéspedes. ¿No tenéis respeto a los huéspedes? ¡No me menospreciéis ante ellos! ¿No hay un hombre honrado entre vosotros?
Aquellos a los que dirigía la palabra no eran humanos sino animales vestidos de humanos. Estaban éticamente enfermos. Sus bocas estaban llenas de espumarajos y salía fuego de sus ojos. Preguntó otra vez, sin esperanza:
— ¿No hay nadie inteligente entre vosotros?
Su pregunta se perdió entre los gritos de la gente. Algunos de ellos se abrieron paso entre la muchedumbre e intentaron entrar en la casa de Lot. El Profeta los empujó, entró en la casa y cerró la puerta. Las hijas del Profeta Lot le miraban con temor y los extranjeros permanecían sentados tranquilamente; no perdieron la serenidad pero Lot tenía mucha curiosidad por saber quiénes eran.
Las manos lujuriosas empujaban la puerta. Les relampagueaban los ojos de ira. Los gritos de la gente y de los habitantes de la casa hacían eco en todas las paredes de la casa. La puerta estaba temblando y empezó a crujir. Parecía que la puerta no podría aguantar más los golpes.
El Profeta Lot se entristecía y se preocupaba por sus huéspedes porque no podía protegerlos de la gente. Los extranjeros habían confiado en él. El Profeta se dijo: «Quisiera tener muchísimos hijos o una familia muy grande para proteger a los jóvenes». El Profeta Lot no era de esa ciudad; había inmigrado a Sodoma y Gomorra para predicar el Islam.
Parecía un caso sin remedio. La puerta estaba a punto de romperse. Es imposible describir el temor del Profeta Lot por los jóvenes. En este momento, el Arcángel Gabriel se levantó y dijo al Profeta en voz baja:
— ¡Profeta Lot! ¡No temas! Somos los mensajeros de Dios. La gente no te podrá hacer daño ni a ti ni a nosotros.
Cuando el Arcángel Gabriel terminó las palabras, algunos rompieron la puerta y entraron en la casa. El Arcángel Gabriel les hizo una seña con la mano y los dejó ciegos. Todas las personas que intentaron entrar en la casa del Profeta se quedaban ciegas. No podían ver nada. Empezaron a chocar de frente. Poco después huían presos del pánico.
Para el Profeta Lot y su familia la tempestad había cesado¼ Se despertaron de la pesadilla. Pero para los sodomitas que eran el símbolo de la inmoralidad la pesadilla empezaba ahora.
Los ángeles dijeron al Profeta que se pusiera en camino con su familia y abandonara la ciudad. La Orden Divina vendría y el castigo les alcanzaría al amanecer. El Arcángel Gabriel les advirtió por última vez de que ninguno de ellos volviera la vista atrás. No pudieron comprender la forma del castigo pero sabían que tenían que obedecerlo.
Después de la medianoche, el Profeta Lot y su familia estaban en camino fuera ya de la ciudad. Estaba a punto de amanecer. Era la hora del castigo.
Cuando la Orden llegó, toda la gente estaba durmiendo en la ciudad. El Arcángel Gabriel levantó con sus alas las siete ciudades de Sodoma y Gomorra y las elevó por los aires y luego las dejó caer al vacío. Llovían piedras a diestro y siniestro. Estaban durmiendo y no pudieron salvarse. Tampoco podrían haber hecho nada para salvarse si estuvieran despiertos.
La tierra y el cielo estaban entremezclados. Las montañas, las casas y los cuerpos eran solamente escombros. Los gritos resonaban en las calles. Los que antes se habían burlado del Profeta Lot y querían el castigo prometido de Dios, quedaron como las hojas agitadas por el viento. Ese día no había salvación alguna ante tal castigo.
Cuando el Profeta Lot les advirtió de que dejaran de cometer sus actos deshonestos, los sodomitas habían dicho:
— ¡Expulsad a Lot con toda su familia porque son de los puros!
¡Qué sociedad tan abominable era aquella donde la pureza era un pecado! El Profeta Lot y su familia abandonaron la ciudad; era lo que querían. Entonces, la Ira Divina limpiaba la suciedad de la ciudad. Llovía fuego del cielo, estaba relampagueando y los rayos que caían les mataban.
El Profeta Lot y su familia caminaban sin mirar atrás. Su esposa era una traidora infiel y el Arcángel Gabriel había dicho que su esposa sería castigada. La mujer miró atrás y se convirtió en una roca. Dios da tiempo a los pueblos para que mejoren su situación pero nunca se descuida y cuando el tiempo llega, les da un castigo terrible por no obedecer las Leyes Divinas.
Los que visiten Jordania pueden contemplar un lago grande que se llama el Mar Muerto. Es un lago muy extraño, el agua contiene una alta concentración salina y por este motivo su densidad es muy elevada. Se encuentra entre montañas, bajo el nivel del mar. Allí se pueden ver rocas fundidas y piedras extintas. Las ruinas de las ciudades que fueron derrotadas por la Ira Divina se hallán en las profundas aguas del lago que ese día se formó.

[1] En el Corán es nombrado como «Lut».

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Corán: "Allah mismo se encarga de volver (de perdonar) a los que han pecado por ignorancia
y que se arrepienten luego. Allah les perdona, porque es sabio y prudente".

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